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  August 8, 2011   •   VOL. 49, NO. 14   •   Oakland, CA
Bishop's Column

Faro de la justicia social continuará su trabajo

A la luz de la atención dada a la situación de la parroquia de San José Obrero en las semanas pasadas, quisiera tomar esta oportunidad para ofrecer algunas reflexiones sobre el asunto.

Encuentro que en general, nuestra gente ama a sus sacerdotes. Invariablemente yo recibo comentarios de estima y apreciación de los feligreses por sus sacerdotes en mis visitas a las parroquias, ¡especialmente comentarios advirtiéndome que no se los remueva! Sin embargo, no está fuera de orden que un obispo reciba las preocupaciones de algunos feligreses acerca de sus pastores, y la Diócesis de Oakland no es la excepción.

El que las preocupaciones vengan de una minoría de feligreses, no quiere decir que ellas no tengan mérito. Nuestro proceso normal es atraer la atención del pastor a las preocupaciones, escuchar su punto de vista y trabajar para resolver cualquier preocupación legítima existente. En las ocasiones que me he reunido con un grupo representativo de feligreses preocupados, les he encontrado respetuosos y razonables, incluyendo las conversaciones respecto a su pastor. Siempre he tratado de afirmar al pastor puesto que él está tratando de servir de la mejor manera a la Iglesia en forma fiel en su parroquia a pesar de que pueda experimentar alguna deficiencia, y ofrecerle mi apoyo para que resuelva las preocupaciones de sus feligreses.

Este fue el proceso seguido en el caso de la parroquia de San José Obrero. La declaración publicada en el portal de internet diocesano tenía la intención de explicar la situación en tanto detalle como fuera apropiado para una declaración pública. No tenía la intención de acusar ó menospreciar a nadie ni dañar la reputación de ninguna persona. Por este medio expreso mi más profundo pesar y pido disculpas en la medida que lo anterior haya pasado y si es que la declaración fue más allá de lo apropiado. Específicamente en cuanto al Padre Jorge Crespín, ni esta declaración ni ninguna otra cosa menoscabará lo que él ha logrado hacer en favor de la justicia social y la educación a los niños necesitados, especialmente entre las familias latinas. Este es el legado de la parroquia de San José Obrero y por lo cual estaremos siempre agradecido a él. En cuanto a las cosas que se han dicho en la parroquia, la memoria de las personas varía en cuanto a que fue lo que exactamente se dijo y cuando se dijo y de qué manera eso fue interpretado. Aprecio la afirmación del Padre Crespín, expresada personalmente a mí, de que nunca ha hecho ni hará declaraciones públicas en contra de ningún hermano sacerdote nuestro y pido disculpas por alguna declaración oficial diocesana que haya indicado lo contrario.

San José Obrero ha sido siempre un faro de justicia social y compromiso comunitario. Es mi intención que siga siendo así. Siempre habrá oportunidades de crecimiento como en toda parroquia. He estado en conversación con el pastor actual, el Padre John Direen, y le he expresado mi apoyo mientras trata de continuar este legado de la parroquia que él pastorea y apoyarla a desarrollar para así proclamar más efectivamente la Buena Nueva de Jesucristo, trayendo a todos al encuentro salvador con él y viviendo el llamado a la conversión continua y la santidad.

Nosotros que estamos en el liderazgo de la Iglesia tenemos la obligación de escuchar las preocupaciones legítimas de nuestro pueblo. Nosotros también tenemos la responsabilidad de enseñar la verdad completa de Jesucristo revelada a través de la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo. En el clima cultural de nuestros tiempos, el hacerlo con integridad va a inevitablemente causar que uno encuentre resistencia — resistencia en cualquier número de asuntos del panorama completo de las enseñanzas sociales y morales de la Iglesia. Por varias décadas ya, los sacerdotes y feligreses de San José Obrero han demostrado cuán verdadero esto es.

Por lo tanto deseo animarnos a todos — obispo y sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos fieles — a pedir a Dios la gracia de escuchar y responder al llamado a la conversión y santidad en nuestras propias vidas, cada uno de acuerdo a su propia vocación dada por Dios. Y por favor únanse a mí en oración por nuestros sacerdotes.

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